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dimecres, 17 de novembre de 2010

BIOGRAFIA

Si después de yo morir quisieran escribir mi biografía
no hay nada más sencillo.
Tiene sólo dos fechas
la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos.





(Fernando Pessoa/Alberto Caeiro, Poemas Inconjuntos. Escrito entre 1913-15.)

dimarts, 16 de novembre de 2010

dilluns, 15 de novembre de 2010

11 DE NOVIEMBRE

Apagar la radio del coche.
Una llamada.
Leer el periódico por primera vez.
Un autodefinido.
Tomar un café.
Un reencuentro.
Un viejo amigo.
Uno nuevo.
Una nueva canción de tu MP4.
Leer el periódico de nuevo.
Un agua... nada más, gracias.
Dejar el billete a mano.
Jugar al tetris otra vez después de tanto tiempo.
Pasar revista a tu vida, a tu ocio...
Siempre quedan horas muertas antes de las salidas de los trenes.

divendres, 12 de novembre de 2010

El poeta murió al amanecer

Sin un céntimo, solo, tal como vino al mundo,
murió al fin en la plaza frente a la inquieta feria.
Velaron el cadáver del dulce vagabundo
dos musas: la esperanza y la miseria.
Fue un poeta completo de su vida y su obra,
escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera
y como hombre de su tiempo que era
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas.


Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.
Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.
Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,
los parroquianos del Café,
los artistas del circo ambulante,
unos cuantos obreros,
un antiguo editor,
una hermosa mujer
y mañana, mañana,
florecerá la tierra que caiga sobre él.


Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,
un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,
un Schiller, un Bertrand, un Becquer, un Machado,
versos de un ser querido que se fue antes que él,
muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta
y una antigua fragata dentro de una botella.
Los que le vieron dicen que murió como un niño.
Para él fue la muerte como el último asombro:
tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido,
y un pájaro en el hombro."

"- YO CONOZCO UNA CALLE
QUE HAY EN CUALQUIER CIUDAD
UNA CALLE QUE NADIE
CONOCE NI TRANSITA
SOLO YO VOY POR ELLA
CON MI DOLOR DESNUDO
SOLO CON EL RECUERDO
DE UNA MUJER QUERIDA
ESTÁ EN UN PUERTO.
- ¿UN PUERTO?
YO HE CONOCIDO UN PUERTO.

- DECIR "YO HE CONOCIDO"
ES DECIR: ALGO HA MUERTO."

(Raúl González Tuñón.

Buenos Aires 1905-1974)

dimecres, 10 de novembre de 2010

dilluns, 8 de novembre de 2010

¿Quién es el público y dónde se le encuentra?

Yo vengo a ser lo que se llama en el mundo un buen hombre, un infeliz, un pobrecillo, como ya se echará de ver en mis escritos; no tengo más defecto, o llámese sobra si se quiere, que hablar mucho, las más veces sin que nadie me pregunte mi opinión; váyase porque otros tienen el de no hablar nada, aunque se les pregunte la suya. Entremétome en todas partes como un pobrecito, y formo mi opinión y la digo, venga o no al caso, como un pobrecito. Dada esta primera idea de mi carácter pueril e inocentón, nadie extrañará que me halle hoy en mi bufete con gana de hablar, y sin saber qué decir; empeñado en escribir para el público, y sin saber quién es el público. Esta idea, pues, que me ocurre al sentir tal comezón de escribir será el objeto de mi primer artículo. Efectivamente, antes de dedicarle nuestras vigilias y tareas quisiéramos saber con quién nos las habemos.
Esa voz «público», que todos traen en boca, siempre en apoyo de sus opiniones, ese comodín de todos los partidos, de todos los pareceres, ¿es una palabra vana de sentido, o es un ente real y efectivo? Según lo mucho que se habla de él, según el papelón que hace en el mundo, según los epítetos que se le prodigan y las consideraciones que se le guardan, parece que debe de ser alguien. El público es «ilustrado», el público es «indulgente», el público es «imparcial», el público es «respetable»: no hay duda, pues, en que existe el público. En este supuesto, «¿quién es el público y dónde se le encuentra?»
(Mariano José de Larra)

dimarts, 2 de novembre de 2010

LAS CADENAS

Deseé amarlo todo y ahora soy desgraciado,
porque he multiplicado las causas de mis penas.
Innumerables lazos sutiles y dolorosos
unen mi alma a las cosas en todo el universo.

Todo me atrae al mismo tiempo
y con igual atractivo: lo cierto, por sus resplandores,
y lo desconocido por sus velos.
Un estremecido trazo de oro une mi corazón al sol,
y largos hilos de seda lo enlazan con las estrellas.

La armonía me encadena al aire melodioso,
la suavidad del terciopelo a las rosas que acaricio.
He hecho de una sonrisa cadena de mis ojos,
y de un beso cadena de mi boca.

Mi vida pende de esos frágiles lazos,
y estoy cautivo de los mil seres que amo.
A la menor sacudida que un soplo les imprime,
siento que se desgarra algo de mí mismo.


























Sully PRUDHOME - París 1839